El Museo de Zaragoza enriquece su exposición permanente

Con el fin de enriquecer la exposición permanente del Museo de Zaragoza en sus distintas salas, se ha procedido a incorporar al discurso expositivo diferentes obras y recursos. Son nuevas las piezas que se han sumado a la muestra y que se pueden visitar desde este lunes.

En la Sala 3, Renacimiento, el Capitel corintio hispano-musulmán reutilizado. Procedente del antiguo convento de Predicadores de Zaragoza, se incorpora al discurso de las colecciones dedicadas al periodo renacentista un capitel hispanomusulmán reutilizado, donde destaca la inscripción con la fecha de 1492. Esta pieza formó parte de la exposición temporal “Fernando II. El rey que imaginó España y la abrió a Europa”, clausurada el pasado mes de junio.

En la Sala 4, Barroco, al final del discurso expositivo que ilustra lo más destacado de las colecciones del Museo de Zaragoza del s. XVII se presenta la obra de Luca Giordano Céfalo y Procris ante Diana, obra de tema mitológico, sorprendiendo por su composición donde destacan los personajes con gran monumentalidad, y donde muestra su paleta de brillantes colores y muy decorativo en la línea del barroco italiano y la luminosidad heredada del gran Veronés.

En la Sala 12, Goya e Italia, dentro del espacio dedicado a la formación de Francisco de Goya en Italia, el Museo de Zaragoza mostraba hasta la fecha una reproducción facsímil del llamado “Cuaderno italiano”, cuyo original se conserva en el Museo Nacional de Prado. Ahora se incorpora un recurso expositivo que permite al visitante profundizar en el conocimiento de la citada obra. Se trata de una pantalla táctil que permite visualizar todas y cada uno de las páginas del “Cuaderno italiano”, sin perder la referencia de la obra original (facsímil ubicado al lado). Esta incorporación se realiza gracias a la colaboración y generosidad de la Fundación Goya en Aragón y el Museo Nacional del Prado.

La sala 24 reabre tras más de cinco años cerrada

En las colecciones del Museo de Zaragoza, destacadas son las obras de la segunda mitad del s. XIX y comienzos del s. XX. Dentro de movimientos artísticos tales como el costumbrismo, el regionalismo o el realismo el Museo redescubre a sus visitantes tres lienzos de gran formato y dos esculturas representativas de este periodo de finales del s. XIX y comienzos del s. XX, que se muestran en la Sala 24. Galería, cerrada desde hace más de un lustro.

Dentro de la pintura de historia se presenta de nuevo a los visitantes el lienzo de Eugenio Álvarez Dumont titulado Malasaña y su hija, donde se muestra el momento en el que Malasaña, sobre el cadáver de su hija, ataca a un soldado francés. El dramatismo de la escena, ejecutado con un gran dominio técnico y del color hacen del lienzo una muestra excelente de este tipo de composiciones.

La obra Carta del hijo ausente, obra de Maximino Peña Muñoz, es por el contrario una composición que retrata la realidad de los campesinos españoles a finales del s. XIX, mostrando una composición de gran carga emocional, representando a una familia en torno a la carta recibida con noticias el hijo ausente.

El tercero de los lienzos titulado El pan nuestro de cada día de Ventura Álvarez Sala se encuentra en la línea del anterior. Escena costumbrista que presenta a un grupo de pescadores descansando del trabajo, antes del almuerzo, y en el momento en que se disponen a bendecir los alimentos. Composición en diagonal con pincelada amplia y diluida donde se juega con una paleta de colores ocres, destacando el rojo y los blancos.

Las esculturas que se presentan enriquecen el discurso de los lienzos de temática costumbrista, ya que se trata el primero de ellos de una obra de Mariano de Benlliure, La estocada de la tarde, obra perfectamente representativa de la producción del escultor valenciano. Benlliure fue ante todo un extraordinario modelador y un buen dibujante. Incardinado en la estética decimonónica y la vehemencia romántica, sustituyó los temas clásicos y mitológicos por los de la historia nacional, oficial o costumbrista, como ésta de los toros.

La segunda obra, Busto de Joaquín Costa, representa al intelectual aragonés en edad avanzada. Buen conocedor de la realidad social y económica del país se le presenta con un severo realismo que imprime un rictus de preocupación en su rostro. Nos muestra a una de las figuras más influyentes del movimiento intelectual decimonónico, conocido como regeneracionismo, surgido a finales del s. XIX y comienzos del s. XX.

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